El Mercado de la Imprenta no es solo un sitio donde picar algo: es una forma distinta de entender la gastronomía en Valencia, porque junta edificio histórico, puestos variados y ambiente de paseo en un mismo lugar. Aquí te explico qué encontrarás dentro, qué tipo de comida merece la pena, cómo se organiza la visita y qué conviene saber antes de ir. Si te interesa comer bien sin perder de vista la historia del espacio, este es un caso especialmente interesante.
Lo esencial antes de ir
- Ocupa la antigua Imprenta Vila, un edificio nacido en 1908 y rehabilitado como espacio gastronómico.
- Reúne 21 puestos repartidos en dos plantas y más de 1.800 metros cuadrados.
- Está a pocos minutos de Plaza de España y de la estación Joaquín Sorolla, en la calle de la Mascota, 17.
- Funciona todos los días, de 10:00 a 00:00, y no exige reserva previa.
- La visita encaja mejor si buscas variedad, ambiente y una experiencia para quedarse un rato, no solo para comer rápido.

Una imprenta histórica que todavía se reconoce
A mí me interesa este lugar porque no disfraza su pasado: lo usa como parte de la experiencia. La antigua Imprenta Vila nació a comienzos del siglo XX y conserva esa sensación de conjunto industrial oculto entre viviendas, casi como un pequeño secreto urbano que ahora vuelve a abrirse al público.
Lo importante no es solo la edad del edificio, sino cómo se ha rehabilitado. Siguen presentes elementos que ayudan a leer la historia del espacio, como el ladrillo visto, los suelos cerámicos antiguos y la idea de patio interior que sorprende cuando llegas desde una calle peatonal aparentemente normal. Ese contraste cambia mucho la visita, porque no entras en un local neutro: entras en un sitio con memoria.
Por eso yo no lo miraría únicamente como un mercado para comer, sino como una pieza de patrimonio reconvertida con criterio. Y justamente esa mezcla entre arquitectura y uso actual explica por qué la propuesta gastronómica funciona mejor cuando se entiende como experiencia completa. Eso nos lleva a lo que realmente ofrece en la mesa.
Qué se come realmente dentro
La oferta está pensada para que puedas comer por partes, compartir y moverte entre estilos distintos sin salir del mismo recinto. Hay propuestas de hamburguesas, baos, arroces, conservas y encurtidos, pizzas, aperitivos, comida libanesa, tapas, frituras, vermut, vinoteca, cafetería, pastelería y opciones más saludables. En otras palabras: aquí la variedad es parte del argumento, no un adorno.
La propia lógica del lugar favorece una visita flexible. Puedes entrar con idea de tomar algo rápido y acabar cenando, o sentarte a compartir varios platos con el grupo. Yo lo resumiría así: funciona mejor cuando eliges una ruta gastronómica corta y clara, no cuando intentas probarlo todo en una sola vez.
| Si te apetece | Qué buscar | Por qué encaja aquí |
|---|---|---|
| Aperitivo tranquilo | Vermut, tapas, conservas o frituras | Te permite entrar sin prisa y entender el ambiente antes de pasar a platos más contundentes. |
| Comida en grupo | Hamburguesas, baos, arroces o cocina latina | Cada persona puede pedir algo distinto sin que la experiencia pierda coherencia. |
| Plan más gastronómico | Producto de bodega, maridajes y propuestas de vinoteca | El mercado gana cuando la bebida acompaña bien y no se queda en un simple acompañamiento. |
| Remate dulce | Pastelería, café o algo para compartir al final | Cierra bien una visita larga y evita que el recorrido se quede solo en salado. |
Mi consejo práctico es sencillo: si es tu primera vez, no te lances a una ruta dispersa. Elige un aperitivo, un plato principal compartido y un final dulce o café. Así entiendes mejor el sitio y, además, evitas la sensación de haber comido mucho sin recordar nada con claridad. Esa es la diferencia entre pasar por allí y aprovecharlo de verdad.
Cómo se vive el espacio por dentro
Por dentro se siente más como una plaza cubierta que como un restaurante convencional. Hay una gran barra central, dos plantas, zonas para sentarse y una distribución que invita a quedarse un rato. El aforo puede acercarse a las 700 personas, así que el ambiente tiende a ser animado, incluso cuando la visita empieza con calma.
Yo lo veo como un sitio muy útil para tres planes distintos. En grupo, la variedad de puestos resuelve bien las diferencias de gustos. En pareja, gana si vas a una hora menos saturada y aprovechas mejor la parte arquitectónica. Y si te interesa hacer fotos o fijarte en detalles del edificio, merece la pena ir cuando haya más luz natural, porque la rehabilitación se disfruta mucho más con un ritmo visual tranquilo.
También hay una capa cultural que no conviene ignorar. El proyecto está pensado para acoger exposiciones, actividades paralelas y encuentros ligados a la ciudad, de modo que la visita no depende solo de comer. Esa mezcla de gastronomía, ocio y cultura es precisamente lo que lo separa de otros espacios con oferta parecida. Con ese contexto, el momento del día pasa a importar bastante.
Cuándo ir y cómo llegar sin complicarte
La propia web del mercado indica que abre todos los días de 10:00 a 00:00 y que no hace falta reserva previa. Eso ya te da una pista clara: puedes adaptarlo a un aperitivo, una comida temprana, una merienda tardía o una cena con margen para alargar la sobremesa.
| Dato práctico | Lo que conviene saber |
|---|---|
| Ubicación | Calle de la Mascota, 17, muy cerca de Plaza de España y de la estación Joaquín Sorolla. |
| Acceso en transporte público | Metrovalencia líneas 1, 2 y 7; EMT líneas 9, 10, 27, 64, 67 y 93. |
| Reserva | No es necesaria. |
| Movilidad reducida | El espacio está adaptado con suelos a cota cero, rampas y ascensor a la primera planta. |
| Mascotas | No se permite el acceso con animales, salvo perros guía. |
| Take away y delivery | Varios puestos ofrecen servicio para llevar o a domicilio de manera independiente. |
Si vas en coche, también te conviene prever el aparcamiento con antelación, porque la zona está muy pegada al centro y se nota. En cambio, si te mueves a pie o en transporte público, la visita resulta bastante cómoda: en unos minutos puedes llegar desde Plaza de España o desde la estación, y eso hace que el plan sea muy fácil de encajar en una ruta por Valencia. A partir de aquí, la comparación con un mercado tradicional ayuda a entender mejor si este sitio encaja contigo.
En qué se diferencia de un mercado tradicional
Este punto me parece clave, porque mucha gente llega con la expectativa equivocada. Un mercado tradicional suele girar alrededor del producto fresco y la compra diaria; aquí, en cambio, la prioridad es comer, beber, socializar y dejar que el espacio haga de escenario. No es un matiz menor: cambia por completo la forma de usarlo.
| Tipo de espacio | Qué prioriza | Qué tipo de visita pide |
|---|---|---|
| Mercado tradicional | Producto fresco y compra de proximidad | Ir a resolver una compra concreta y salir. |
| Espacio gastronómico como este | Consumo en el propio recinto, variedad y ambiente | Quedarse, probar varias cosas y compartir tiempo. |
| Restaurante individual | Una propuesta culinaria cerrada | Buscar una experiencia más enfocada en una sola cocina. |
La ventaja del formato es evidente: si vas con un grupo donde cada persona quiere una cosa distinta, el lugar resuelve el problema sin discusión. La contrapartida también existe: en horas punta hay más ruido, más movimiento y menos sensación de intimidad que en un restaurante al uso. Yo no lo vería como un defecto, sino como parte de su identidad. Si entras sabiendo eso, sales con expectativas realistas y la visita mejora mucho.
La primera visita que yo haría
Si fuera por primera vez, iría con un plan muy simple. Llegaría a media mañana o a primera hora de la comida, empezaría con algo de aperitivo, elegiría un puesto principal que me apetezca de verdad y dejaría espacio para un café, un dulce o una segunda bebida. Ese ritmo te permite entender el lugar sin convertirlo en una maratón gastronómica.
También probaría a mirar el mercado en dos niveles: el de la comida y el del ambiente. La comida te da la respuesta práctica, pero el ambiente es lo que hace que recuerdes el sitio. Cuando un espacio recupera bien su pasado industrial y, al mismo tiempo, ofrece una manera cómoda de comer en Valencia, no hace falta complicarlo más. Basta con ir con hambre, tiempo y una idea clara de lo que quieres vivir.
Si te interesa el turismo gastronómico en Valencia, este es uno de esos lugares que merecen una parada pensada, no improvisada. La mejor visita no es la que intenta abarcarlo todo, sino la que combina historia, cocina y contexto con una sola decisión bien hecha.
