La figura de Hortensia Herrero se entiende mejor cuando se observa el vínculo entre empresa, mecenazgo y patrimonio valenciano. Su trayectoria como empresaria y filántropa ha quedado ligada a la restauración de edificios históricos, al impulso del arte contemporáneo y a la creación de nuevos espacios culturales en Valencia. Aquí reúno los proyectos más relevantes, su impacto y algunas claves prácticas para comprender qué puede visitar hoy el público.
Una empresaria que ha convertido el mecenazgo en patrimonio compartido
- Perfil empresarial: vicepresidenta de Mercadona y una de las grandes mecenas culturales de la Comunidad Valenciana.
- Fundación: creada para promover el arte, la cultura, la danza y la recuperación del patrimonio valenciano.
- Proyecto central: el Centro de Arte Hortensia Herrero ocupa el histórico Palacio Valeriola, en el centro de Valencia.
- Dimensión histórica: durante la rehabilitación aparecieron restos romanos, islámicos, medievales y vestigios de la antigua judería.
- Visión cultural: combinar edificios históricos con arte contemporáneo para acercar la cultura a residentes y visitantes.
Quién es Hortensia Herrero y por qué importa en Valencia
Hortensia Herrero es una empresaria española vinculada al desarrollo de Mercadona y, desde hace años, una figura destacada del mecenazgo cultural valenciano. Su importancia no procede únicamente de su posición económica, sino de haber dirigido parte de sus recursos hacia proyectos que permanecen en la ciudad y pueden disfrutarse de forma pública.
Yo la situaría dentro de una tradición de mecenazgo privado que busca algo más que financiar exposiciones puntuales. Su apuesta combina restauración arquitectónica, arte contemporáneo, formación artística y participación social. Esa mezcla explica por qué su nombre aparece asociado tanto a iglesias y palacios como a esculturas urbanas, galerías jóvenes y programas de danza.
La Fundación Hortensia Herrero nació con el propósito de promover el interés y la sensibilidad por el arte y la cultura desde la Comunidad Valenciana. Según la propia fundación, sus iniciativas se organizan alrededor de cuatro grandes líneas: patrimonio, danza, arte contemporáneo y el Centro de Arte situado en el Palacio Valeriola.
La restauración del patrimonio como eje de su mecenazgo
En este ámbito, la idea más interesante no es recuperar un edificio para convertirlo en una pieza aislada, sino devolverle un uso. Un monumento restaurado necesita seguir formando parte de la vida cotidiana, y ahí está una de las principales fortalezas de este modelo. La conservación gana sentido cuando el público puede entrar, comprender el lugar y volver a relacionarse con él.
Entre los proyectos apoyados por la fundación se encuentran la restauración del Colegio del Arte Mayor de la Seda, las pinturas de la iglesia de San Nicolás, la ermita de Santa Lucía, el Centro Parroquial de Genovés y la iglesia de San Pedro Mártir y San Nicolás Obispo. También se ha intervenido en la imagen de la Virgen de los Desamparados y su camarín, uno de los elementos de mayor significado religioso y emocional para muchos valencianos.
| Proyecto | Qué aporta al patrimonio | Por qué es relevante |
|---|---|---|
| Colegio del Arte Mayor de la Seda | Recupera un edificio ligado a la tradición sedera valenciana. | Conecta arquitectura, artesanía e historia económica de la ciudad. |
| Iglesia de San Nicolás | Protege pinturas y elementos ornamentales de gran valor. | Permite entender la relación entre arquitectura gótica y decoración barroca. |
| Iglesia de los Santos Juanes | Incluye trabajos arquitectónicos, pictóricos y ornamentales. | Refuerza la recuperación del entorno histórico del Mercado Central. |
| Palacio Valeriola | Transforma un edificio barroco abandonado en un centro cultural. | Une restos arqueológicos, arquitectura histórica y creación contemporánea. |
La restauración de la iglesia de los Santos Juanes resulta especialmente significativa porque afecta a uno de los conjuntos monumentales más reconocibles de Valencia. En 2025 se informó de la recuperación de la fachada y de la finalización de los trabajos sobre los frescos de la cúpula. Para mí, este tipo de intervención demuestra que el patrimonio no se conserva con una sola obra, sino mediante procesos largos, especializados y técnicamente exigentes.
El Palacio Valeriola convierte la historia en una experiencia cultural
El Palacio Valeriola, un edificio barroco del siglo XVII situado en la calle del Mar, es el proyecto que mejor resume la visión de la mecenas. El inmueble se encontraba en un estado de abandono muy avanzado y su rehabilitación se prolongó durante más de cinco años. El resultado no fue una reconstrucción decorativa, sino la adaptación de un espacio histórico a las necesidades de un centro de arte actual.
Durante las excavaciones aparecieron restos de distintas etapas de Valencia, entre ellos un tramo del circo romano, un callejón de la antigua judería, un horno medieval y una fuente islámica. Estos hallazgos cambian la forma de visitar el edificio: el visitante no contempla solo cuadros, sino también las capas de una ciudad que se ha transformado durante siglos.
El Centro de Arte Hortensia Herrero abrió sus puertas en 2023. Cuenta con más de 3.500 metros cuadrados, 17 salas distribuidas en cuatro niveles y una colección de más de 100 obras de unos 50 artistas. La propuesta incluye pintura, escultura, instalaciones y piezas de arte tecnológico, con nombres de relevancia internacional.
Lo que más me interesa de este planteamiento es el contraste. Una sala puede presentar una obra contemporánea de gran formato y, a pocos pasos, mostrar un elemento arqueológico que recuerda la antigüedad del solar. Esa convivencia evita que el patrimonio quede congelado y permite que el público lo interprete desde una mirada actual.
Arte contemporáneo, danza y espacio público
La actividad cultural impulsada por la fundación no termina en los edificios históricos. También incluye exposiciones de artistas como Manolo Valdés, Tony Cragg y Jaume Plensa en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, además de colaboraciones con galerías valencianas y proyectos vinculados a la Universitat Politècnica de València.
Algunas obras inicialmente expuestas de forma temporal acabaron integrándose en el paisaje urbano. La escultura La Pamela, de Manolo Valdés, quedó instalada en La Marina de Valencia, mientras que una pieza de Tony Cragg, Points of View, pasó a formar parte del entorno del puente de Monteolivete. Este detalle es importante porque demuestra cómo una exposición puede dejar una huella permanente en la ciudad.
La danza ocupa otra línea de trabajo. El Campus Internacional Valencia Danza, la gala Somos Arte y el proyecto Ballet Vale+ apoyan la formación y acercan esta disciplina a niños con necesidades motoras especiales. En mi opinión, estos programas completan la labor patrimonial porque muestran que la cultura no consiste solo en conservar objetos, sino también en crear oportunidades de participación.
El equilibrio no siempre es sencillo. Un proyecto cultural puede atraer turismo, pero también debe responder a las necesidades de quienes viven en Valencia durante todo el año. Por eso resultan especialmente valiosas las actividades educativas, musicales y gastronómicas que amplían el público del Centro de Arte y evitan que se convierta en una visita exclusivamente turística.
Qué puede aportar este legado al turismo cultural valenciano
Para quien visita Valencia, los proyectos relacionados con la fundación permiten construir una ruta diferente por el centro histórico. El Palacio Valeriola puede combinarse con la iglesia de San Nicolás, los Santos Juanes, el Mercado Central, la Lonja de la Seda y la Catedral. La distancia entre varios de estos lugares facilita un recorrido a pie y ayuda a entender la continuidad histórica del centro.
- Para una primera visita: conviene empezar por el Centro de Arte y continuar hacia la iglesia de San Nicolás y la Lonja.
- Para amantes de la arquitectura: merece la pena comparar el barroco del Palacio Valeriola con el gótico y el modernismo presentes en otros edificios del centro.
- Para familias: las propuestas educativas y las instalaciones contemporáneas suelen resultar más accesibles que una visita basada únicamente en fechas y estilos.
- Para visitantes recurrentes: las exposiciones temporales, conciertos y actividades del centro ofrecen una razón para regresar.
Yo evitaría presentar este legado como una colección de iniciativas desconectadas. Su verdadero valor aparece cuando se observa el conjunto: restaurar un edificio, activar su uso, apoyar a los creadores y dejar obras en el espacio público. Esa continuidad convierte la cultura en una experiencia urbana, no en una sucesión de monumentos visitados deprisa.
El alcance y los límites de una iniciativa privada
El mecenazgo privado puede acelerar restauraciones que, por su coste y complejidad, tardarían mucho más en encontrar financiación pública. También permite asumir proyectos ambiciosos, como la rehabilitación integral del Palacio Valeriola o la programación internacional de un centro de arte en Valencia.
Pero conviene mantener una mirada equilibrada. La protección del patrimonio depende de equipos técnicos, administraciones, parroquias, universidades, restauradores y comunidades locales. Ninguna fundación sustituye por completo a las políticas públicas de conservación, especialmente cuando se trata de edificios con necesidades continuas de mantenimiento, accesibilidad y divulgación.
La mejor aportación de este modelo aparece cuando la inversión privada respeta los valores históricos del inmueble, trabaja con especialistas y garantiza el acceso social. En el caso valenciano, el reto será mantener esa apertura, explicar bien los hallazgos y conseguir que los nuevos espacios culturales formen parte de la vida de la ciudad, no solo de sus rutas turísticas.
Una forma valenciana de entender el patrimonio
La huella de Hortensia Herrero en la cultura valenciana se reconoce sobre todo en la combinación de pasado y presente. Su fundación ha apoyado la recuperación de templos, palacios, pinturas y tradiciones, pero también ha impulsado arte contemporáneo, danza, educación y nuevas formas de visitar la ciudad.
Si tuviera que resumir su legado en una sola idea, elegiría esta: el patrimonio permanece vivo cuando se restaura, se explica y se comparte. Para conocerlo de verdad, no basta con admirar una fachada; conviene entrar en los edificios, observar sus distintas épocas y comprender cómo una iniciativa cultural puede transformar la relación de Valencia con su propia historia.
