La Vall de Laguar, apodada la catedral del senderismo, combina un paisaje muy singular con una ruta que exige piernas, paciencia y ganas de caminar en serio. No es una excursión de paseo: aquí mandan los escalones de piedra, el Barranc de l’Infern, los caseríos de montaña y una sensación constante de estar entrando y saliendo de un gran anfiteatro natural. En las próximas líneas te explico qué recorrido es, cuánto dura de verdad, qué nivel pide, cuándo conviene ir y cómo prepararlo sin improvisar.
Lo esencial de esta ruta de montaña en la Marina Alta
- La ruta más conocida es la PR-CV 147, en La Vall de Laguar, y gira en torno al Barranc de l’Infern.
- La referencia práctica más fiable habla de 14,3 km, unas 6 h 15 min y dificultad media/alta.
- El recorrido suma alrededor de 6.600 a 6.800 escalones de piedra y más de 1.500 metros de desnivel acumulado.
- No es una ruta técnica, pero sí dura por la repetición de subidas y bajadas.
- La época más sensata suele ser fuera del verano; en calor, sólo con salida muy temprana y planificación seria.
- Conviene llevar agua suficiente, comida, calzado con buena suela y, si puedes, bastones.
Por qué este rincón se ganó el apodo
Yo diría que el nombre no nace de una exageración publicitaria, sino de la forma en que el paisaje te obliga a leer el terreno. El camino sube y baja sobre laderas de roca, atraviesa barrancos y se apoya en una obra de piedra en seco, es decir, muros y escalones construidos sin cemento, sólo con el encaje de las piedras. Eso le da un carácter muy humano a una garganta que, por lo demás, sigue siendo claramente salvaje.
La ruta no impresiona sólo por la longitud; impresiona por el ritmo. Vas encadenando tramos que parecen moderados, pero el desgaste se acumula rápido. La Comunitat Valenciana la sitúa en el PR-CV 147, con 14,3 kilómetros, 6 horas y 15 minutos y un nivel de dificultad media/alta, precisamente por la acumulación de desniveles. Dicho de otra forma: el apodo tiene sentido porque el paisaje parece monumental, pero el esfuerzo también lo es.
Ese equilibrio entre belleza y dureza es lo que hace que la experiencia se recuerde tanto, y es también lo que cambia por completo la manera de preparar el día. Con esa base clara, ya se entiende mejor cómo se vive el recorrido paso a paso.

Así se vive el recorrido por el Barranc de l’Infern
La salida habitual parte de Fleix y recorre un itinerario circular que vuelve al entorno de partida pasando por Benimaurell. En la práctica, yo la veo como una ruta de jornada completa: hay quien la completa en poco más de seis horas y quien se va a las siete si se detiene a mirar, fotografiar o simplemente a recuperar aire. La cifra varía con el ritmo, pero no conviene pensar en ella como una caminata corta.
| Opción | Datos prácticos | Cuándo me parece más sensata |
|---|---|---|
| PR-CV 147 completa | 14,3 km, 6 h 15 min, circular, dificultad media/alta, unos 1.550 m acumulados | Si tienes forma y quieres la experiencia completa |
| Tramo Fleix-Barranc-Benimaurell | 3 h 30 min aprox., menor carga total | Si prefieres una versión más contenida |
| Versión con paradas largas | Entre 6 y 7 horas reales | Si vas a ir sin prisa o con grupo |
Desde Fleix se entiende el tono de la ruta
La primera parte ya marca el carácter del itinerario: un lavadero antiguo, la Font Grossa y el arranque sobre terreno que pronto empieza a bajar con decisión. No es un inicio pensado para entrar en calor con suavidad; aquí el cuerpo entiende rápido que la excursión va en serio. Yo suelo fijarme en ese primer tramo porque es donde mucha gente aún cree que está ante una ruta bonita pero llevadera, y no: la ruta enseguida pide piernas.
El barranco concentra la parte más memorable
Cuando entras de verdad en el Barranc de l’Infern, el paisaje se vuelve más cerrado y más dramático. Aparecen las paredes de roca, la sensación de garganta profunda y esos escalones que justifican todo el apodo. También surgen antiguos asentamientos y la memoria de una montaña trabajada durante siglos; de hecho, la ruta se lee casi como una pieza de patrimonio rural, no sólo como un sendero bonito, con el río Girona como gran escultor del relieve.
Lee también: Font Salada en Oliva - Manantial templado y ruta en el marjal
La vuelta por Benimaurell exige cabeza más que impulso
La parte final suele parecer más amable sobre el mapa de lo que se siente en las piernas. Benimaurell ofrece vistas amplias y, en días claros, una línea de horizonte que incluso deja ver el mar, pero no conviene relajarse: después de varias horas de descenso y subida, el cansancio cambia la percepción del terreno. Aquí es donde los bastones y un ritmo estable marcan una diferencia real.
Cuando ya entiendes ese dibujo general, la siguiente pregunta es casi siempre la misma: ¿está al alcance de cualquiera o conviene medir muy bien el esfuerzo?
Qué nivel físico exige de verdad
La respuesta corta es que no es una ruta técnica, pero sí exigente. Eso importa, porque mucha gente confunde dificultad técnica con dureza física. Aquí no hace falta trepar ni resolver pasos complicados; lo que agota es la suma de kilómetros, escalones y desnivel, sobre todo en bajadas largas donde las rodillas trabajan frenando. Ese trabajo muscular se llama carga excéntrica, y básicamente significa que el músculo se contrae mientras controla el descenso.
- Si haces montaña con frecuencia, la ruta es asumible con buen ritmo y descanso breve.
- Si sueles caminar por terreno llano, el cansancio te llegará antes de lo que imaginas.
- Si tienes molestias de rodilla, tobillo o espalda, yo la pensaría dos veces antes de lanzarme.
- Con niños, sólo la plantearía si están acostumbrados a salidas largas y no vas a forzar horarios.
- Con calor fuerte, la misma ruta sube varios puntos de dureza sin cambiar un solo metro del trazado.
Mi impresión es sencilla: esta excursión premia a quien regula bien el esfuerzo y castiga a quien sale demasiado confiado. Y justo por eso la preparación previa pesa casi tanto como las botas que lleves puestas.
Cuándo ir y qué llevar para no complicarte el día
Fuera del verano es la opción sensata, y yo coincido sin matices. Primavera, otoño e invierno son las ventanas más razonables; en meses cálidos, sólo la haría a primera hora y con la idea clara de que la jornada va a ser larga. En una ruta así, salir tarde es casi siempre el error más caro.
| Imprescindible | Por qué importa | Mi recomendación |
|---|---|---|
| Agua | No conviene depender de fuentes durante una ruta larga | 1,5 a 2 litros por persona; más si hace calor |
| Comida | El desnivel vacía energía antes de que te des cuenta | Fruta, frutos secos, barritas y algo salado |
| Calzado | La piedra suelta y las bajadas castigan la suela | Trail o bota ligera con buen agarre |
| Protección solar | No todo el trazado tiene sombra real | Gorra, crema y gafas |
| Bastones | Ayudan a repartir la carga en las bajadas | Muy útiles si tus rodillas lo notan |
Yo añadiría una capa ligera si vas en meses fríos o a primera hora, porque en montaña la sensación térmica cambia más deprisa de lo que parece. Y si llevas bastones, mejor: no son un adorno, son una ayuda real para descargar la bajada y sostener el ritmo cuando la ruta empieza a pesar.
Con lo básico resuelto, la salida deja de ser una prueba improvisada y se convierte en una excursión bien pensada. El siguiente paso es aprovechar el entorno en lugar de ir y volver corriendo.
Qué ver alrededor para convertirla en una escapada completa
La gracia de esta zona es que no necesitas inventarte un gran plan paralelo para que el viaje compense. Fleix, Benimaurell, Campell y Fontilles forman un paisaje de interior muy reconocible, con calles tranquilas, arquitectura tradicional y esa mezcla de huerta, montaña y memoria rural que define bien la Marina Alta interior. Yo siempre recomiendo dejar un margen para caminar sin prisa por alguno de esos núcleos, porque ahí la ruta se entiende mejor fuera del esfuerzo físico.
También merece la pena mirar más allá del sendero y leer el territorio como lo que es: un mosaico de bancales, antiguos caseríos y pasos de montaña que durante siglos organizaron la vida local. Si te apetece alargar el día, un almuerzo sencillo de cocina valenciana de interior encaja mejor que cualquier plan forzado. En destinos así, comer bien no es un añadido; es parte lógica de la escapada.
Cuando la excursión se combina con una parada tranquila, el recuerdo cambia mucho: la ruta deja de ser sólo un reto deportivo y pasa a ser una experiencia de territorio. Y precisamente por eso conviene evitar algunos fallos que veo repetirse una y otra vez.
Los errores que más arruinan la salida
El primero es obvio, pero muy frecuente: subestimar la dureza porque el nombre suena más épico que técnico. El segundo es salir tarde y confiar en que “ya iremos viendo”. En una ruta larga, ese tipo de improvisación se paga con calor, cansancio y mala gestión del regreso. El tercero es llevar calzado urbano o una suela poco fiable; la piedra no perdona, y las bajadas largas menos todavía.
- Salir sin agua suficiente y querer resolverlo “más adelante”.
- No revisar el horario real del grupo antes de arrancar.
- Ir demasiado rápido al principio y vaciarse en la primera mitad.
- Confundir senderismo con barranquismo y pensar que todo el entorno admite la misma aproximación.
- Dejar la protección solar para “si hace falta”, cuando en montaña casi siempre hace falta.
Si el objetivo es hacer barranquismo, eso ya exige otro planteamiento: técnica, equipo y, en muchos casos, guía. Para esta ruta senderista, en cambio, la mejor estrategia sigue siendo la vieja y sensata: preparación, ritmo y respeto por el terreno. Con eso, el día cambia por completo.
Lo que yo decidiría antes de poner un pie en el barranco
Si tuviera que resumir mi criterio en una sola decisión práctica, sería esta: la haría como una excursión de día entero, no como una salida improvisada. Saldría pronto, llevaría más agua de la que creo necesitar, no me obsesionaría con el tiempo y aceptaría que el objetivo no es correr sino terminar bien. También dejaría margen para parar, mirar el paisaje y no convertir la ruta en una cuenta de kilómetros.
La razón es simple: este itinerario funciona mejor cuando lo enfrentas con cabeza. Si lo tratas como merece, el Barranc de l’Infern ofrece algo poco común en la montaña mediterránea: una mezcla muy limpia de historia, paisaje y esfuerzo real. Y eso, en una escapada por el interior alicantino, vale mucho más que una foto rápida y un regreso precipitado.
